Empresa Flux

“No es el más fuerte de la especie el que sobrevive; ni el más inteligente. Es el más adaptable al cambio” -Charles Darwin-

¿Cómo redactar el C.V ideal?

 

Pensá esto: si pasas muchos años en una misma empresa, siendo fiel a su espíritu corporativo, acumulando experiencia, fortaleciendo las relaciones, y creciendo profesionalmente al punto de convertirte en un verdadero experto del área, tu currículum vitae tendrá sólo cuatro líneas.

Por el contrario, si tu experiencia se reparte en 7 u 8 compañías, con distintos enfoques y perfiles; donde el abanico de conocimientos que adquiriste refleja claramente tus niveles de adaptabilidad; donde tu red de contactos creció exponencialmente y en forma diversificada, y donde tu expertise alcanzó tal madurez que te permitiría abrazar nuevos proyectos con la velocidad de un relámpago… tu C.V dice que sos un veleta que va saltando de un lado a otro y que aún no sabe lo que quiere de su vida.

Si hay una pauta en  todo esto es que no hay pautas. Cada uno escribirá su historia de acuerdo a como se dieron las cosas, así que, debo admitirlo, mi C.V pertenece al segundo grupo y,  tal como veo el panorama, es del estilo de los currículums que prevalecerá en el futuro.

Robert Safian, por ejemplo, el editor de Fast Company, dice que "el ritmo de cambio en nuestra economía y nuestra cultura se está acelerando (alcanza con ver las tecnologías móviles y sociales) y nuestra posibilidad de ver el futuro se está reduciendo". La próxima década, dice éste señor, “se definirá más por la fluidez que por otro nuevo paradigma”, así que prosperar en este escenario va a requerir un nuevo enfoque, creo yo, basado en la forma curricular del segundo modelo (el saltarín).

Y ésta visión es la que tienen las personas que forman la llamada “generación Flux”. Un grupo que no tiene tanto que ver con una identidad demográfica como con una actitud y una forma de afrontar el trabajo. Estos tipos se mueven bien en la inestabilidad. Toleran (y disfrutan) replantear sus carreras, sus modelos de negocio y sus posiciones.

Pero algunos, me gusta decirlo, tenemos cierta ventaja: trabajar en compañías que viven del cambio, que su plan de negocio es adelantarse a los modelos de moda, y que ofrecen una forma de contratación dinámica que sostiene el entusiasmo de sus colaboradores por brindar un contexto emocional y financiero estable.

Mi consejo: si vas a redactar un C.V escribí tu experiencia como se dio realmente, pero enviaselo a una Empresa Flux.

Estrategias de negocios

Invitación

La Casa Real de Allamanda y el Principado de Linarias, tienen el agrado de invitar a usted a la ceremonia de enlace de sus primogénitos, el Serenísimo don Fragante Lirio Aguado de Molino, y el Infante don Elmismo Blanco de Lamantilla, a celebrarse en la capilla de la Sagrada Familia, del Bocado de Camuesa.  

Los novios saludarán en el atril.
La Casa Real recibirá los regalos y salutaciones en la recova del contrafuerte. Se ruega especialmente no hacer envío de flores ni dulces, que aquí nada de mariconadas. 
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Clima cambiático

Creo que nunca en mi vida estuve tan pendiente de los fenómenos climáticos. Bastó que me decidiera a comprar un aire acondicionado, para que en pleno verano hiciera más frío que en Alaska. En particular, en ésta semana, jamás había vivido un período tan largo en el que lluvia, sol, frío y calor convivan en simultáneo. Se larga-para. Sale el sol-llueve. Para-hace frío. Se larga-hace calor. Y así, por ejemplo, mis planes de jugar al tenis se dilataban día tras día.

La semana pasada renovamos el jardín. En realidad compramos varias macetas con plantas nuevas. También compramos plantines, tierra buena, y fertilizadores, pero lo que en verdad yo quería era comprarme un rociador de agua para, con la excusa de regar las plantas, canalizar ansiedades, y abstraerme un poco de la rutina laboral. Todo muy lindo, pero… llueve!.

Llueve y no puedo pasear, llueve y no puedo hacer deportes, llueve y no puedo sacar al perro, llueve y no consigo distraerme. Concluyo entonces que para que el clima no me afecte debo dejar de estar pendiente del clima!

Ésta tonta reflexión me hizo acordar que hace algún tiempo, me encontré envuelto en una especie de tormenta emocional que no me permitía relajar para divertirme. Por más que inventara excusas para alegrarme siempre caía en esa especie de desazón sin explicación (bien por la rima!). Hasta el truco de los paseos me fallaba siempre. Sacaba viajes de la galera, ideaba recorridos, visitas y excursiones pero nada de eso funcionaba. Tampoco podía refugiarme en lecturas, ni discos, ni amistades. Buscaba paz y encontraba un disfraz. Por más lejos que viajara sentía que la preocupación me seguía, y entonces redoblaba la apuesta pero nada resultaba.

El tiempo lo fue arreglando, creo yo. Pero tuve que tomar algunas decisiones que me enfrentaron al futuro a corazón abierto.  La cosa es que ya pasó, y algunas lecturas me ayudaron a entender al desapego como aliado crucial en la búsqueda de la felicidad.

Cuentan que cuando terminó la creación, los duendes miraron el mundo y uno de ellos exclamó: "Este mundo es muy bonito. Los seres humanos tienen aquí una cosa fabulosa, pero ¿qué tal si les hacemos una broma?"

Otro dijo: " Yo sé, vamos a esconderles la felicidad"

A todos los duendes les gustó la idea. Pero “¿dónde la vamos a esconder?", pregunto uno de ellos.
Otro respondió; " Ya sé, la vamos a poner en la cima de la montaña mas alta de la tierra".
Otro dijo" No lo creo… ésta gente es muy fuerte. Algún día alguien va a llegar a la cumbre de esa montaña y la va descubrir". Todos coincidieron en que tenía razón.

"¡Ya lo tengo!” ,propuso uno: “vamos a esconderla en lo mas profundo de los mares".

No, Dijo el primero; a mi me parece que ellos van a encontrar la forma de llegar al fondo del mar, recuerda que son muy curiosos!. Vamos a buscar otro lugar.

Y así, sucesivamente, siguieron pensando en lugares donde esconder la felicidad.

"¿Y en otro Planeta?; propuso uno. No, porque son muy inteligentes, un buen día construirán una nave que los lleve a ese planeta y también la van a encontrar".

Pero había un duende que no había dicho absolutamente nada; permanecía calludo y meditabando hasta que al final habló:

"Les diré donde la vamos a esconder: dentro de ellos mismos!”. Porque van a estar siempre tan ocupados buscando la felicidad fuera de si, que jamás se les ocurrirá mirar por dentro".

Apis melífero

Podría decirse que a los 18 años tuve mi primer emprendimiento. Se trataba de un apiario. Un apiario no es otra cosa que varios miles (quizás millones) de abejas revoloteando a tu lado esperando la oportunidad de filtrarse por algún descuido de tu traje, y picarte. Trabajé bastante duro con ese apiario; si bien mis colmenas no eran demasiadas, las tareas de campo para personas fatigadas de nacimiento como yo resultan altamente inapropiadas:

Levantarse muy de madrugada.

Cargar el vehículo.

Viajar varios km hasta el campo.

Descargar el vehículo.

Equiparse. Ir al apiario.

Curar las colmenas, limpiarlas, ordenarlas, restaurarlas, seleccionarlas. Alimentar a las abejas, revisar los panales de cría, revisar a la Reina, extraer los cuadros melíferos, cambiar las alzas, remover el propóleos, limpiar rejillas, extraer el pólen, cambiar las tapas, alinear los cajones.

Cortar el pasto.

Limpiar el equipo, ordenarlo y guardarlo.

Hacer las anotaciones de todo. Planificar la próxima sesión. Hacer un resumen de la jornada, y retornar a la civilización.

No gané mucha guita, pero aprendí bastante sobre el tema y hasta rendí los exámenes inherentes a una actividad colegiada. Pero el gran aprendizaje de la experiencia apicultora fue que se puede sobrevivir a todo, incluso a un feroz ataque de abejas enojadas.

Jornada de pleno verano, 7 de la tarde. Había arrancado a laburar a eso de las 9 de la mañana. Estaba enfundado en un traje blanco con escafandra  y sombrero al tono. Las gotas de transpiración me tenían empapado y el cansancio y mal humor se habían apoderado de todo mi cuerpo. Las abejas, por su parte, se mostraban estresadas y todo hacía indicar que era el tiempo de marcharme.

Uno de los grandes valores de la juventud es la confianza que tenes frente a todo lo que emprendes, pero uno de los peores defectos de esa juventud es, paradójicamente, esa puta confianza inconsciente que te hace realizar las locuras más insólitas:

Ya con la última colmena entre los brazos, quise apurarme para terminar e irme y, sin que nadie me lo exija y contra todos los manuales, me quité todo el disfraz, y por boludo pateé una colmena, tiré todo a la mierda y salí corriendo por el campo.

37 abejas me picaron.

Las manos, la cabeza, la espalda, el culo, todo.

Me destrozaron.

Llegué a mi casa por poco en ambulancia. No podía ni tocarme, y no tuve mejor idea que meterme bajo la ducha para intentar aliviar el las ronchas... Ni te cuento. Las gotas parecían martillazos. Por primera vez sentí lo que siente un torturado chino con un verdugo queriendo abrirle los ojos. ¡Qué dolor! ¡Qué picor! El ardor de mi vida. Me ardía más que a una ardilla. Más que una ladilla. No sabés. Chicos: no intenten eso en sus casas. Ante cualquier duda, consulte a su apicultor. Llamen a los bomberos, no sé, pero por favor nunca se acerquen a un panal caído o con las abejas en celo.

Recuerdo verme en el espejo del baño, desnudo, flaquito, todo picado, todo rojo, todo pelotudo. Me reía y lloraba.  Me reprochaba la imprudencia. Me lamentaba de no haber afrontado la situación como un profesional, como un adulto responsable. No entendía lo que había pasado, pero me prometí que de ese día en adelante mi trabajo, haga lo que haga, tendría que ser impecable.

Hoy, casi veinte años después, sentado en el patio de mi casa, veo pasar un enjambre y regresa a mi repentinamente aquel recuerdo. Me siento en la compu, lo escribo, lo disfruto, me río y pienso...

¿Salen unos mates con miel?

Burrero

Hace algunos días, caminando por mi barrio, encontré un caballo muerto.

Para quien nunca vio un caballo muerto le cuento que es como si estuviera vivo, pero muerto.

Estaba acostado sobre la vereda; recto, ortogonal, con el cuello a 90 grados y las patas alineadas. Su rostro era sereno, como si hubiera reconocido ese momento, el que estaba necesitando. Parecía profundamente dormido, y su expresión sólo denotaba una tranquila aceptación del final de la vida.

De no ser por el hilo de sangre que corría desde su sien, hubiera creído que murió por causas naturales, pero los dos hombres que estaban a su lado movían sus cabezas con la expresión típica de quien lamenta un hecho indeseado.

-“Tenía muchos problemas”, me dijo uno de ellos, cuando advirtió que lo miraba de arriba a abajo.

-“No tuvimos elección”, agregó el compañero de luto.

-“¡Pero era un caballo, no una persona!”, salió de mi garganta sin pedirle permiso a mi mente. “¿acaso no tienen ustedes compasión?, ¡era un animal! ¿Qué problemas puede tener alguien que no piensa o que no siente? ¿Qué problemas puede tener alguien que, por ejemplo, no sabe qué es el amor?